El nombre, el primer regalo que le haces a tu bebé.

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Desde siempre, existen nombres que nos agradan por su fuerza, su significado; algunos por su carga emocional obtenida de generaciones, como el nombre de tus padres o tus abuelos, por ejemplo; otros por su dosis cultural: algún personaje histórico, novelesco o cinematográfico, o simplemente porque existe en él ritmo, cadencia o música en la palabra. Por ello, el valor del nombre que poseemos es total. Como individuos nos identifica; nos hace personas y nos otorga un lugar en el mundo. Como sociedad, nos deja ver gustos culturales, origen social, modas historia y evolución.

Hay quienes dicen que algunas mamás definen cuál será el nombre de su bebé incluso antes de la concepción. Simplemente lo saben. Y tienen dos, uno por cada género, hasta conocer su sexo. Pero, ¿cómo saber cuál es el mejor nombre para una persona? Mamás modernas, ¿cómo eligieron el nombre para su bebé? Y si apenas están en ello, ¿cómo lo harán?

Por eso, hoy quiero dedicar esta entrada a la importancia de la elección del nombre para el bebé. Algo que no debemos tomar con ligereza y sí con responsabilidad, pues, piénselo de esta forma, es el primer regalo que le hacemos a nuestr@ pequeñ@.

No hay nada más propio que el nombre, hay un dicho por ahí, y es cierto ¿Por qué? ¡Porque nos hace personas! Nada más por eso. Un nombre nos da identidad, pero sobre todo, individualidad. Cuando alguien nos llama por nuestro nombre dejamos de ser él o ella para ser sólo nosotros: ‘Mariana’, ‘María’, ‘Roberto’, ‘Ángel’ y un infinito etcétera; seres individualizados que formaremos parte de una sociedad, con derechos, libertades y obligaciones. Por ello nuestro nombre es la primera carta de presentación que tenemos frente a los demás ¿Cuál es el único detalle? Que no lo elegimos por voluntad propia y es, a la vez, una dicha o una condena poseer tal o cual.

Esta entrada no pretende más que orientarl@s, mamis y papis, para que reflexionemos acerca de una de las primeras responsabilidades que tenemos con nuestr@s hij@s. Nombrarl@s es significarl@s… para toda la vida. No debemos percibir este hecho como un trámite fortuito, sino como uno de los aspectos más relevantes que conformarán la identidad personal de nuestr@ todavía pequeñ@ a lo largo de su vida ¿Sabían que el nombre puede afectar de manera positiva o negativa la identidad de un ser humano? Quizá sí, pero seguro no tan a profundidad. Cuando elegimos nombres, a todos nos ha pasado, solemos repetir algunas prácticas que, desde mi punto de vista, debemos dejar de hacer.

Algunas son:

  1. Nombrar al primogénito como nosotros. ¡Son una nueva persona! Existen otras formas de continuar el legado familiar, ¿no creen?
  2. Utilizar el nombre de los abuelos, tanto maternos como paternos. Persona nueva, vida nueva. Así nada más. También es verdad que los nombres de los abuelos no son, algunos, los más agradables.
  3. Elegir nombres de antepasados. Dejemos ir al pasado, empezando por su nombre.
  4. Elegir nombres de amores pasados, ¡sí pasa! Este punto creo que no lo tengo que explicar.
  5. Elegir nombres de personajes del cine o la televisión, ¡también pasa!
  6. Elegir nombres que dejan de funcionar con la adultez: diminutivos o los catalogados como “cursis”.

Ahora se preguntarán, pero ¿qué tiene de malo, Mariana?

Nada. En primer lugar no se trata de elegir buenos o malos nombres, sino de caer en cuenta que esa nueva personita es eso: una nueva persona, ¿por qué debería llamarse como alguien más? ¿Entienden ahora el punto? 😉 Necesita una identidad propia, personal y renovada que comenzará con su nombre. Cuando comprendí esto supe que, en efecto, poseer como derecho un nombre realmente propio nos asigna, desde casa, la llave para la libertad de ser. Sé que puede leerse muy utópico, pero para mí esto es lo que representa. “La individualidad es un deber universal”, dice Zygmunt Bauman en La vida líquida, y ser nombrado es ser individualizado.

Para efectos de esta entrada leí hace poco que un nombre es una especie de ‘contrato inconsciente’ (Alejandro Jodorowsky) que nos limita y nos condiciona en muchos niveles. Por ejemplo, retomando las prácticas que mencioné antes, cuando elegimos nombrar a nuestr@ peque como los abuelos o un antepasado, es como si, de cierto modo, l@ condenáramos a repetir un destino. Claro que no tiene por qué ser así, pero existen algunas creencias que señalan este hecho. Es como si atáramos la vida de nuestr@ hij@ a la de alguien más, y con ella, a su pasado, sus fortunas y desventuras. Si es verdad o no, lo cierto es que ¿cuántas veces no hemos conocido a alguien que lidia con el peso del nombre de su padre? Por ejemplo. O casos en los que padres que pierden a un hijo nombran al siguiente como él/ella. Esto es una condena inmediata que conduce a una nueva persona a dejar de serlo para ser alguien más ¿Se habían puesto a pensar en esto?

Por esto es que me parece casi mágico la elección de un nuevo nombre para una nueva persona. Es, para mí, dirigir de cierto modo su destino, pero desde la objetividad y la conciencia de que tomamos esta decisión a su beneficio. ¿Les ha pasado que cuando buscan el significado de su nombre éste realmente los describe? ¡A mí sí! Y me parece muy curioso que así sea. Es como si ese nombre fuera sólo y sólo para ti. Todo, el universo, la energía o como prefieran llamarle, se pone en fila para que debas llamarte así. De cualquier modo, estas son algunas recomendaciones que les hago para la hora de elegir el nombre de su bebé:

  1. Pensar en tu bebé antes que en ti. Está bien que “ese” nombre te encante de toda la vida, pero detente antes a pensar en la implicación de éste en la vida futura de tu hij@: ¿Le contribuye de forma positiva a su identidad personal? ¿Es un nombre funcional para su vida adulta? ¿Está en sintonía con su entorno social/cultural? ¿No será motivo de burlas o bromas?  Parece muy exagerado, pero es importante hacernos estas preguntas. No olvides: un nombre nos sirve para opinar y ser juzgado como individuo en sociedad
  2. (Re)conocer la personalidad de tu peque. Estoy segura que el 80% de los padres tenemos el nombre del bebé antes de que nazca, pero ¿qué pasa si nos esperamos un poco? ¡Nada! Podemos poner en práctica conocerlo, conocernos y, al cabo de un tiempo, valorar opciones para su nombre. Su cara, su gesto, su manera de comportarse nos puede guiar hacia la mejor elección.
  3. Se vale ser originales, pero no demasiado. Me encanta encontrarme con personas de nombres poco usuales, ¿a ustedes no? Son, incluso, difíciles de olvidar. Está muy bien que los papis nos tomemos el tiempo de buscar otros nombres fuera de los comunes; su historia y significado; mi recomendación es sólo tomar en cuenta las preguntas del punto 1.

Listo, son tres puntos que les pueden ayudar a orientar mejor su decisión. No pretendo que descarten nombres que les gustan; de su familia o su pareja. Todo se vale. Sé, desde el fondo de mi corazón, que hacen la elección desde el fondo del suyo, y eso es lo más importante. Sólo me gustaría que esta entrada les haga valorar con responsabilidad este paso en la vida de su bebé. Ojalá así sea.

Gracias por leerme,

Mariana.

REFERENCIAS

  1. http://www.monografias.com/trabajos55/el-nombre-propio/el-nombre-propio2.shtml#ixzz53KDahz9H
  2. http://revistamito.com/la-importancia-del-nombre-propio/
  3. https://sanacionholisticasalamanca.wordpress.com/2014/03/28/la-importancia-de-nuestro-nombre/